lunes, diciembre 01, 2008

El inolvidable orgullo del viejo Puerto México (hoy Coatzacoalcos)


Estas tres escenas del viejo Puerto México nos muestran con qué fe y optimismo se dejaba atrás la herencia porfiriana y se comenzaba con nuevos bríos la segunda etapa de la industrialización nacional, que a fines de los años treinta tomaría mayor impulso con la expropiación petrolera llevada a cabo por el Presidente de México, Lázaro Cárdenas. Pero cuando se captaron estas escenas todavía era la época en que los compromisos del Porfiriato con los capitales extranjeros, en particular ingleses y estadounidenses, gravitaban, tanto o más que ahora lo hacen los capitales internacionales, sobre el gobierno federal restándole maniobrabilidad e independencia.

Aquí podemos ver el orgullo de todo joven de la época, el poder conducir un auto, en este caso un Ford T. Las placas del mismo no indican claramente el año. Pero, después de discutirlo con los primos, lo más congruente es que la fotografía haya sido tomada cerca de 1935. Sabemos que antes de ser elegido presidente del país, Lázaro Cárdenas anduvo en Puerto México, donde se refugió de alguna especie de persecución, Y lo hizo en casa de Don Simeón Rosaldo Sánchez, hermano de nuestro abuelo Don Ignacio Rosaldo Sánchez, hijos ambos de Don Nicasio Rosaldo, quien fuera el cacique de esta región durante el Porfiriato. Como parte de la distracción que gozaba el entonces futuro presidente de la nación, el sobrino de Don Simeón, Don Gilberto Rosaldo Morales, lo llevaba a pasear por las tardes a lo largo de la playa en un Ford T como el de la fotografía. Ignoramos más datos al respecto.

Otro orgullo de la juventud de aquellos años era el paseo hacia la playa y el río, que resultaba bastante difícil por la vegetación y la gran cantidad de lomas de arena que había que vencer. De modo que con el nuevo camino hecho con la cooperación de todos los que quisieron participar, finalmente hubo manera de contar con un acceso rápido y franco. Si se pone atención a todos los detalles de esta fotografía se ve que la juventud y el carácter desenfadado de la misma es una distinción que no cambia con los años. Este camino que se localizaba a las orillas de la ciudad hoy día forma parte de ella y es el viejo bulevard ribereño, "Manuel Ávila Camacho", que conduce a las escolleras lo mismo que al malecón costero, que se sigue ampliando prácticamente cada año.
Fotografías de nuestra propiedad.

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