domingo, noviembre 23, 2008

Un cuento de Rubén Salazar Mallén



Rubén Salazar Mallén (1905-1986)
Nació en Coatzacoalcos, Veracruz, el 9 de julio de 1905; murió en la Ciudad de México el 20 de junio de 1986. Narrador y ensayista. Estudió derecho en la UNAM. Fue periodista; catedrático en la Escuela Nacional Preparatoria y la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Militó en el Partido Comunista Mexicano. Colaboró en Claridades, Contemporáneos, Cuadernos del Viento, El Universal, Estaciones, y Metáfora. OBRA PUBLICADA: Cuento: Dos cuentos, Alcancía, 1932. Soledad, Ediciones México, 1944. Ejercicios, SEP, 1952. El sentido común, UV, Ficción, núm. 20, 1960. Ensayo: Tres temas de la literatura mexicana, SEP, 1947. Apuntes para una biografía de Sor Juana Inés de la Cruz, Stylo, 1952. Las ostras o la literatura, Imprenta Universitaria, 1955. Novela: Camino de perfección, e.a. 1944. Páramo, Stylo, 1944. Ojo de agua, Stylo, 1949. Camaradas, Metáforas, 1959. La iniciación, Costa Amic, 1966. ¡Viva México!, Costa Amic, 1974. La sangre vacía, Oasis, 1982. El paraíso podrido, UAEM, 1987.

Fotografía y texto tomados del Diccionario Bibliográfico de Escritores de México.




PUDOR
(De El sentido común)

Medina, el escritor, llamó a su hijo, un chico ojeroso y desmedrado.
—David, toma un ejemplar de cada uno de mis libros y ven conmigo —le dijo.
El muchacho sabía lo que aquello significaba: errar por calles céntricas, por oficinas y cafés, hasta que el azar los llevara ante alguien que quisiera comprar los libros de su padre. Ya en otras ocasiones, cuando el hambre oprimía al hogar, lo habían hecho. David lo recordó con angustia.
También Medina estaba angustiado. Para él era una horrenda tortura vender sus propias obras. A nadie defraudaba haciéndolo, porque había ganado una envidiable reputación gracias a su laboriosidad y talento; pero…
Con la muerte en el alma se echó a la calle. A su lado oscilaba la frágil figura de David.
A poco encontraron a Fonseca. Medina, después de las cortesías de estilo, explicó intempestivamente:
—Llevo estos libros a mi librero. Me los pidió. Lo inesperado de la explicación y el rostro demacrado del escritor, hicieron que Fonseca sospechara la verdad.
—¡Qué coincidencia! —exclamó—. Hace días que busco tus obras, sin encontrarlas. ¿Por qué no me vendes éstas?
El relámpago que iluminó el rostro de su interlocutor, fue la comprobación de la sospecha de Fonseca.
—Te las dedicaré —balbuceó Medina, sin atreverse a admitir o rechazar la proposición de su amigo.
Estampó su autógrafo con una cordial dedicatoria en cada volumen. Mientras escribía, daba mentalmente gracias al cielo por aquel encuentro providencial; ya podía llevar pan a su casa, curar la mirada resignada y triste de su esposa, arrancar las sonrisas de la pequeña Elisa.
Cuando hubo concluido de escribir las dedicatorias, entregó los libros a Fonseca.
—¿Cuánto te debo? —preguntó éste.
La pregunta desconcertó a Medina. Sintióse súbitamente avergonzado, olvidó las placenteras imágenes que acababa de forjar.
—Nada; no es nada. Tú eres mi amigo; y yo…
Sin terminar, tomó la mano de su hijo y se alejó precipitadamente. No pensaba ya en su miseria, ni en la alegría que podía llevar a los suyos. Pensaba en huir, en huir nada más.



Texto tomado del libro: El cuento veracruzano. Antología; introducción, selección y notas de Luis Leal; editado por la Universidad Veracruzana, Xalapa, 1968.

3 comentarios:

  1. bofetón con guante de hierro.

    gracias por compartirnos este cuento, Mario.

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  2. Gonzalo gonzalez.Fui su alumno en 1978.Un increible profesor.Autor de Desarrollo Historico del Pensamiento Politico.Gracias por el cuento.

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  3. Estimado Mario, hace mucho buscaba este cuento y no recordaba en donde lo había leído, ¡carajo! tan cerca que estaba...

    Un abrazo.

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